Recursos · Comportamiento humano y desarrollo personal
Por qué sobrepensamos
Frank Calderón · 24 de septiembre de 2026
Son las once de la noche y usted está repasando por quinta vez una conversación de la mañana. No está resolviendo nada: está dándole vueltas. Y sabe que no le sirve, pero no puede parar.
Eso tiene nombre en la investigación psicológica: rumiación. No es un defecto de carácter ni falta de voluntad.
Qué es dar vueltas
La rumiación se ha descrito como una forma de atención centrada en uno mismo, que vuelve una y otra vez sobre el malestar, sus causas y sus consecuencias, sin avanzar hacia la acción.
Lo que muestran los estudios es incómodo: darle vueltas no ayuda a resolver. Al contrario, intensifica el pensamiento negativo, entorpece la solución de problemas, interfiere con actuar y desgasta el apoyo social de quienes están alrededor. Y predice la aparición, la intensidad y la duración de episodios depresivos posteriores.
Por qué cuesta tanto soltarlo
Una de las explicaciones más estudiadas es la de la dificultad para desenganchar la atención: la diferencia entre quien rumia mucho y quien no, no estaría tanto en tener pensamientos negativos como en lo difícil que resulta despegar la atención de ellos una vez aparecen.
Hay un matiz importante: lo que parece empujar el círculo no es pensar mucho, sino la negatividad del contenido. En un estudio que siguió estos procesos en el tiempo, la negatividad de los pensamientos fue lo que arrastraba a las demás características de la rumiación y lo único que iba deteriorando el control atencional.
No todo lo que se repite es lo mismo
La investigación distingue entre formas más y menos dañinas de pensamiento repetitivo. Una distinción útil es la que separa el pensamiento abstracto y evaluativo —“por qué me pasa esto a mí”, “qué dice esto de mí”— del pensamiento concreto —“qué fue exactamente lo que pasó”, “qué puedo hacer mañana a las nueve”—.
La primera forma alimenta el círculo. La segunda se parece más a pensar.
Qué hacer con esto
Este artículo no es un tratamiento ni reemplaza una consulta. Pero dos ideas se desprenden de la evidencia y no cuestan nada:
- Bajar del por qué al qué. Cuando se sorprenda preguntándose por qué, intente cambiar la pregunta por una concreta: qué pasó, qué sigue, cuál es el siguiente paso pequeño.
- Notar el enganche. Darse cuenta de que la atención lleva veinte minutos pegada a lo mismo ya es distinto de estar dentro sin verlo.
Cuando darle vueltas ocupa buena parte del día, interfiere con dormir, o viene acompañado de tristeza o ansiedad que no ceden, vale la pena consultarlo con un profesional.
Fuentes
- Nolen-Hoeksema, Wisco y Lyubomirsky, “Rethinking Rumination”, Perspectives on Psychological Science (2008). PDF.
- Koster y colaboradores, “Understanding depressive rumination from a cognitive science perspective: the impaired disengagement hypothesis”, Clinical Psychology Review.
- “Negativity is key for understanding the interplay between rumination’s features, attention control, and their dynamic nature”, Cognitive Therapy and Research (2023).
- Watkins, “Rumination”, sobre pensamiento repetitivo constructivo y no constructivo.
Este artículo es material informativo y no reemplaza una valoración. Si se reconoce en lo que leyó,puede agendar una cita.
